Rosemblat – Feimann ¿Qué pasa cuando el enemigo te sienta a su mesa?

Pedro Rosemblat fue al programa de Feimann… ¿Qué pasa cuando el enemigo te sienta a su mesa?
Pedro Rosemblat fue al programa de Eduardo Feinmann. La noticia recorrió las redes y generó todo tipo de comentarios: sorpresa, incomodidad, festejo, suspicacia. ¿Qué significa que un comunicador joven, de estética progresista y lenguaje irónico, se siente frente a uno de los principales voceros del periodismo de derecha en la Argentina?
La primera lectura es obvia: Rosemblat aceptó la invitación de un adversario ideológico. El territorio no era neutral: el estudio, el encuadre, la dinámica del programa están diseñados para el anfitrión, para reafirmar sus propios marcos de sentido. Y, sin embargo, ahí estaba Pedro, jugando de visitante.
La pregunta entonces es doble. ¿Qué gana quien se sienta a esa mesa? ¿Y qué gana quien la ofrece?
Feinmann sabe que el periodismo político se volvió espectáculo: necesita “Personajes” que le den contraste a su libreto. Rosemblat, con su tono fresco y su capacidad de interpelar a las juventudes, le permite a Feinmann mostrarse abierto al “debate plural” mientras mantiene el control del ring. En cierto sentido, el enemigo lo legitima al invitarlo.
Del otro lado, Rosemblat también obtiene algo: visibilidad en un espacio donde nunca habría sido convocado si no existiera la tensión entre sus mundos. Su presencia puede interpretarse como un gesto de audacia: ir a decir lo suyo, incluso en el terreno hostil. Puede ser también un movimiento arriesgado: ¿hasta qué punto su discurso no se diluye o queda encapsulado como “El toque simpático” dentro del show de Feinmann?
La escena habilita una reflexión más profunda: ¿Qué significa dialogar con el adversario? ¿Es diálogo real o es apenas un cruce televisado para sumar rating? ¿Hasta qué punto el periodismo argentino se volvió un sistema de personajes que necesitan enfrentarse para que el espectáculo funcione, aun cuando en la vida cotidiana sus mundos no se tocan?
La incomodidad que generó la visita de Rosemblat no es menor. Nos obliga a pensar en las fronteras de lo político: ¿Es válido sentarse en cualquier mesa con tal de ser escuchado? ¿O hay mesas en las que, al aceptar el convite, uno corre el riesgo de ser devorado?
Al final, lo que se jugó no fue solo un reportaje, sino una metáfora: cuando el enemigo te invita a su mesa, el dilema no es solo qué vas a decir, sino si vas a poder decirlo con tu voz intacta… o si terminarás siendo un condimento más en el banquete del otro….

Radacción: Fm 98.7 “Un nuevo concepto en radio”