Como abrazado a un rencor…
Hay fotografías que cuentan una historia. Y hay otras que, vaya uno a saber por qué, te cuentan una tristeza.El Negro Eduardo Elorriaga anduvo recorriendo y fotografiando en Las Martinetas, esa localidad que alguna vez tuvo otros movimientos, otros ruidos, otras voces. Caminó entre las viejas casas de ladrillo, las ventanas que todavía resisten, las puertas, las rejas y esos pequeños rastros que el tiempo va dejando cuando pasa despacio pero no perdona.
Y en la galería de imágenes publicadas hubo una que me dio no sé qué.
Un viejo Gordini, abandonado quién sabe desde cuándo, hundido en el pasto y abrazado a un árbol.
Se me vino un tango a la memoria: “Como abrazado a un rencor”.
Porque eso parece. Como si alguien hubiera dejado allí al viejo Gordini para que el tiempo terminara de hacer su trabajo. Y el auto, que alguna vez llevó gente, sueños, apuros, domingos, viajes y quién sabe cuántas historias, terminó encontrando en ese árbol un último compañero.
Ahí está. Abrazadito al tronco.
Como si el árbol lo consolara, lo sostuviera, le conversara en estos días de viento y de frío. Como si, después de tantos años, fuera el único que todavía se queda a su lado.
Un árbol y un automóvil. Dos sobrevivientes de un tiempo que ya pasó.
El Gordini, oxidado, sin ruedas, sin brillo, sin destino. Pero todavía entero en su dignidad de objeto que alguna vez fue nuevo, que alguna vez fue querido, que alguna vez tuvo un dueño que seguramente lo miró con orgullo.
Ahora sólo queda la carcasa. Y el árbol. Y ese abrazo extraño, silencioso, casi humano.
Quizás eso sea lo que más conmueve de la fotografía: no muestra solamente algo que dejó de existir. Muestra el paso del tiempo.
Ese tiempo que convierte las casas en recuerdos, las calles en nostalgias y los autos en esqueletos.
El esplendor de haber sido. Y la tristeza de ya no ser.
Allá, en ese rincón de Las Martinetas, el viejo Gordini parece haber encontrado su última morada. Solitario compañero. Fiel testigo de lo que fue. Abrazado a un árbol. Como abrazado a un rencor…
* Foto tomada de la galería de imágenes de Eduardo “El negro” Elorriaga.



