El viejo ritual que se repite como un mantra…

Ayer volvió a General La Madrid el presidente de la Cámara de Diputados de la provincia, Alejandro Di Chiara. Como ocurre desde hace años, la escena se repite casi sin variantes.
Viene dos veces al año. Una, cuando necesita empezar a posicionarse de cara a una elección. La otra, en modo Papá Noel: entrega algún aporte a una institución, se saca la foto, respalda al dirigente local que quiere “Ser” el año que viene y se va.
Es la vieja fórmula del peronismo territorial. Una forma de hacer política que parece resistirse a desaparecer.
Las instituciones reciben lo que les ofrecen. Y es lógico que así sea. Nadie puede cuestionar a quien necesita una ayuda para seguir funcionando. El problema no está ahí.
El problema es que la visita no deja nada más. No hay una conversación política con la comunidad. No hay una conferencia de prensa. No hay preguntas. Ni siquiera la posibilidad de hacerlas.
La política se reduce entonces a la entrega, la foto y el agradecimiento.
No se comparte una mirada sobre la provincia, sobre la región o sobre el futuro. No hay una bajada de línea que incluya a la sociedad. Apenas algún gesto para los dos o tres dirigentes más cercanos al poder de turno.
Se reparte “De la nuestra”. Porque los recursos que se entregan son públicos, pertenecen a todos los bonaerenses. No salen del bolsillo de ningún funcionario. Lo mínimo que podría esperarse, además de la entrega, es disposición para rendir cuentas, explicar prioridades y responder preguntas.
Después llegan las publicaciones en redes sociales. Fotos prolijas, sonrisas obligadas y agradecimientos previsibles.
Pero hay algo que esas imágenes no logran esconder. Son fotografías espiritualmente vacías. Se percibe la incomodidad de las poses, la artificialidad del momento y la sensación de estar asistiendo a un ritual repetido demasiadas veces.
Quizás sea tiempo de otra forma de hacer política. Menos regalos con fotógrafos alrededor y más diálogo con los ciudadanos. Menos actos preparados y más respuestas. La democracia no se fortalece con una foto. Se fortalece cuando quienes ejercen el poder están dispuestos a escuchar y, sobre todo, a responder.
No es solamente que venga a regalar cosas. El problema es la concepción de la política que eso representa: el dirigente aparece como benefactor cuando, en realidad, está administrando recursos públicos. No hace un favor. Cumple una función.
Y hay otro punto que me parece muy fuerte: el silencio. Si un funcionario de ese nivel visita un distrito y no habla con la prensa. No está evitando un periodista; está evitando a los ciudadanos. La prensa es el puente. No responder preguntas dice mucho más que cualquier discurso.
“Los aportes son bienvenidos. El silencio, no.”