Vivimos tiempos en los que la palabra está herida. Vacía. Maltratada. Desgastada por el uso sin pausa, por la repetición sin contenido, por la superficialidad que la convierte en eslogan, meme o titular de impacto. La palabra ha sido degradada al punto de volverse liviana, sin compromiso, sin peso.
En un mundo saturado de voces que no dicen nada, recuperar el valor de la palabra es una urgencia cultural, política y humana. Y la radio – con su calidez, su cercanía, su tiempo propio – puede ser una herramienta poderosa para esa tarea.
La radio, en esencia, es palabra. Palabra dicha. Palabra escuchada. Palabra compartida. A diferencia de otros medios que priorizan la imagen, el impacto o el vértigo, la radio propone otra cosa: una conversación, una pausa, un vínculo.
Es uno de los pocos espacios donde la palabra aún puede respirar, desarrollarse, tener cuerpo, alma, intención.
Pero para que eso suceda, la radio no puede resignarse a repetir lo que ya circula por todos lados. No puede caer en el facilismo del chisme, la consigna vacía o el lugar común. Debe, en cambio, atreverse a ser un refugio de profundidad en medio del ruido. A recuperar el arte de hablar y de escuchar. A poner en valor la palabra como herramienta de pensamiento, emoción y transformación.
¿Qué significa “recuperar el valor de la palabra”?
Significa devolverle sentido, intención, contexto. Significa hablar con responsabilidad, con respeto por el otro, con la voluntad de construir algo más que un momento de entretenimiento. Significa comprender que la palabra puede herir o sanar, puede manipular o liberar, puede adormecer o despertar. Y que, como tal, exige cuidado.
Recuperar el valor de la palabra es también resistir la dictadura de lo inmediato. Es entender que no todo puede resolverse en dos frases. Que hay ideas que necesitan desarrollo, matices, dudas. Que el lenguaje no es solo un vehículo, sino también un territorio que hay que defender.
Fm 98.7… recuperar el valor de la palabra desde la radio.
